viernes, 3 de septiembre de 2010

La locura

Llegó como de ningún lugar. Nadie la había visto antes, nadie podría olvidarla. Nadie que la vio la volvió a ver. Algunos pensaban que no era real, otros empezaron a creer en la existencia de Dios. Hubieron quienes decidieron dejar la vida para buscarla en el más allá.

Nadie supo jamás su nombre, poco importaba. Mirarla a los ojos era un éxtasis insoportable, cuando uno abandonaba sus ojos el mundo era tan vació y trivial, hombres y mujeres se hundían en la profunda angustia y depresión. Todo perdía sentido. Nadie nunca pudo verla dos veces. Algunos dicen que Don Julio, tuvo el privilegio de volver a verla, nadie volvió a verlo a él.

Aseguran que se la veía en las oscuras noches de invierno, caminar descalza por la mitad de la calle, nunca en el mismo lugar.
Los más incrédulos, sostienen que nunca existió, los más optimistas salen cada noche a su encuentro. Otros sustentan que anda en busca de su amor perdido y los que la vieron afirman que ella es la locura disfrazada de mujer.

jueves, 22 de julio de 2010

Normita y las malas lenguas

Las malas lenguas tiene mala reputación, eso es indiscutible, lo discutible del asunto es si realmente son malas. Quién no quiere tener una mala lengua especialmente si es de una mujer hermosa; O quién no quiere tener una lengua especialmente si es de una mujer, o quién no quiere tener una lengua especialmente o también, por qué no, quién no quiere tener una lengua y algunos pensaran; quién no quiere tener una...

Doña Norma era una pomposa mujer que ya había olvidado sus abriles como lechos de amor por los cuales había despilfarrado montañas de placer.
Dicen que dicen, que hacía todo tipo de atrocidades con su lengua y en el barrio, las malas lenguas hablaban pestes de la lengua de Doña Norma; los que hablan maravillas eran las caras de los tipos, en un aura de placer inmaculado como si el propio Dios les hubiese prometido la vida eterna.

La realidad es que las malas lenguas no son tan malas, aunque su reputación diga lo contrario. Pero la moral burocracia que ejercía el barrio no tuvo más remedio que llevar a la lengua de Normita a la corte. le querían cortar la lengua.

Hubo una manifestación de las mujeres nucleadas en la agrupación “Frígidas Intransigentes”; dirigidas al centro de la cuidad con pancartas y cánticos en contra de la pobre e inocente Doña Normita; no tardó demasiado en armarse una contramarcha por la mayoría de los hombres del barrio, estos debieron salir encapuchados, ya que,la mayoría de sus mujeres se encontraban en la otra marcha.
Finalmente el corte de la lengua de Norma no se hizo y la mandaron a la corte, a la corte suprema a declarar….

La vieja de lengua ágil tuvo que declarar en el juzgado primero (y único), allí sin demasiado rodeos y con algunos pelos en la lengua, sentenció, ante las preguntas incriminatorias de la jueza, que el comportamiento de su lengua era excelente y altruista, benevolente; "sino pregúntele a su marido” culminó. La astucia de la jueza, cornuda desde ahora en adelante llevó a Norma a la cárcel por desacato a la autoridad y adulterio.

Los muchachos de la marcha la despidieron al grito de ¨”Normita normita” a coro tipo hinchada de fútbol e inmediatamente construyeron un monumento en la plaza principal con la legua de Normita y un cartel que decía “ gracias por tanto placer”….
Hoy a 50 años de aquél episodio Normita sigue haciendo creer algunos hombres que Dios existe.

lunes, 19 de julio de 2010

Duda...

Yo sabía que ella era mi felicidad...
lo que no sabía era si quería ser feliz.

lunes, 31 de mayo de 2010

Julián Gómez, el gran arbitro.

Hay pocos oficios como el arbitraje, y pocos árbitros como Julián Gómez. Un tipo solitario que había encontrado en la conducción legal de fútbol; su pasión.

No era como otros árbitros que habían frustrado su fantasía de futbolistas y se conformaban con estar cerca de los jugadores. Como el viejo Armando Lillia, un tipo que era tan fanático del juego, que sólo dirigía para estar en el campo de juego. Tanto era así que, cuando se brotaba, pedía eufóricamente que le pasen el balón y pobre de aquel no obedecía. Era sometido a las peores sanciones. Tarjeta roja y meses sin pisar el campo de juego, o salía a divulgar de forma amarillista comentarios de los jugadores y de sus esposas.

Pero Julián Gómez no, este era fanático del arbitraje, y sólo miraba fútbol para ver dirigir. Conocía a todos los árbitros del mundo y de la historia del fútbol, era una enciclopedia, un obsesivo.

Julián dirigió su último partido el mismo día que la muerte vino a buscar. Nada había impedido que el viejo de 93 años, siga dirigiendo.
Cuando tuvo edad de retirarse mandó una carta suplicando que si no dirigía, moría, y gracias a eso y al afecto de los jugadores siguió conduciendo. Incluso cuando ya no podía ni ver, los jugadores no cometían falta alguna para no ridiculizar al hombre de negro.

El tipo ponía el cuerpo, siempre. La primera pierna la puso en la guerra mundial y allí la dejó. La segunda no recuerda bien, lo que confirma que fue después que su alzheimer avanzara al punto que, cuando pitaba una falta, había olvidado que había sancionado y para que equipo era. Eso tampoco lo abatató. Empezó a dirigir en silla de ruedas.
Más allá de su pasión y su afán por el arbitraje, Gómez era un arbitro de medio pelo, algunos dicen que era ciego, otros miope, la mayoría afirma que era localista..

A los 80, tuvo que dejar el silbato, no podía pitar más, sus pulmones no lo acompañaban, a veces se quedaban en la casa o salían sin su permiso.
Cuando parecía llegar el ocaso del viejo Julián, apreció al Sábado siguiente mostrando su nueva gambeta al destino, le puso una bocina a la silla de ruedas, que había robado a su nieto de tres años y suplantó el silbato por la bocina. Al principio generó algún altercado entre los jugadores que no se acostumbraban al nuevo sonido, pero el tiempo lo solucionó.

El último partido que dirigió el viejo Gómez fue entre: Atlético Villa Dolmen Vs. Deportivo Panqueques juniors. El viejo había decido dejar el arbitraje. Ya era de demasiado; silla de rueda, bocina para pitar, un largavista porque ya dirigía desde el circulo central y no veía nada. Para completarla un traductor, al parecer el viejo Gómez era chino y no hablaba español.

Fue la primera vez que en el barrio se coreó por el arbitro… “Gómez olé olé olé Gómez”… No se sabe bien si murió porque dejó el fútbol o de la emoción de ese aliento siempre distante e hiriente. Lo cierto es que el viejo Gómez murió aquel día entre llanto y felicidad.

jueves, 6 de mayo de 2010

El viento

Yo no sé si es verdad, pero yo le creo y con eso basta. Basta y sobra. Me lo dijo el abuelo, que me importa la que diga la ciencia o los eruditos del conocimiento, no me importa, yo le creo a mi abuelo y con eso basta o no? Sí, basta y sobra.

Lo que pasa que nadie le cree al abuelo, todos dicen que está loco y que no puede asimilar la realidad, entonces, inventa historias cada vez que le preguntan, siempre tiene alguna explicación rara, que nadie comparte y yo no sé si serán verdades, que me importa, son tan hermosas que yo le creo aunque no le crea.

El tema esta vez, fue el viento. Cómo nació el viento, fue una pregunta que largó mi hermana, para evitar que se hable del colegio, porque había repetido por segunda vez y la conversación iba directo a esa dirección.

Por qué existe el viento, preguntó, y yo sabía que a ella no le importaba, y la verdad que hasta que escuché al nono, a mi tampoco, al nono no sé, al nono no lo sé.
Pero cómo si estuviera esperando desde siempre responder esa pregunta, se arremangó las manos, prendió un pucho negro, de esos que ahora los quiosqueros casi no venden, y lo prendió con una pitada larga que quemó la mitad del cigarrillo.
Dejó entrever una pequeña sonrisa mientras miraba a cada uno de la mesa para prohibirles la palabra, iba a decir algo el nono!!
De a poco como un efecto domino, todos iban cediendo al silencio, aunque a nadie le importara lo que vaya a decir.

Se arremangó las manos, nuevamente, tomó un trago de whisky y habló. Dijo lo que dijo.
Algunos rieron, otros se quedaron paralíticos por lo que decía, mi hermana no sé que cara puso, no alcance a verla, yo me quedé sorprendido y encantado.

Saben lo que dicen del viento, dijo, éstos que creen saber y quieren explicar el mundo, éstos dicen, que el viento es un movimiento del aire, que se produce naturalmente., dicen: fenómeno meteorológico, y el viejo largo una carcajada irónica, nadie más rió, algunos compartieron esa teoría, el abuelo siguió; siempre que no saben que decir se apoyan en: “fenómenos naturales y religiosos” y querida nieta te voy a decir como nació el viento, porque aunque no lo viví, el abuelo de tu abuelo lo contó y yo le creí, y por eso te lo cuento a ti, espero que me creas y le cuentes a tu nieto que tu abuelo, por medio de su abuelo, sabe como nació del viento.
Tomó aire, pitó fuerte de nuevo y siguió.

No se sabe el nombre o mi abuelo no me lo quiso decir, no tiene mucha importancia saberlo , sino lo que ese nombre hizo, y fue sufrir, el viento nació el día que la primer hombre sufrió de amor, y en un eterno suspiro que duró lo que dura una vida, expulsó el primer aire que empezó a dar vuelta por el mundo, con el tiempo nuevos suspiros se fueron juntando formando distintos viento, el viento es la prueba que existió el amor y que existe.

El viejo terminó el cigarrillo, se levantó despacio y se fue. Se fue suspirando.
Yo no se si es verdad, pero yo le creo y con eso basta. Basta y sobra.

miércoles, 21 de abril de 2010

El coleccionista de sonrisas

El coleccionista de sonrisas, así lo llaman ahora, así lo conoció casi todos los que lo conocieron y los que casi lo conocen. Pero antes tuvo un nombre, uno de verdad. Hubo un hombre, otro hombre.

Todavía dudo si es trascendente empezar esta historia con aquel tipo, si sería mejor empezarla con éste, con el coleccionista que es en definitiva, la razón por la que escribo.
Y aunque sigo con algunas duda sobre el comienzo, empezaré por aquel tipo que poca importancia tiene que en este momento, aunque de momento desconozco cómo será…

Se llamaba Matías. Matías Sturt. Hijos de padres…. De padre y madre. La madre seguro se llamaba Natalia Aramendia, del padre tengo algunas vacilaciones, pero según Natalia era: Alberto Sturt. Yo sigo dudando si no fue hijo de una aventura que ella tuvo, un verano. Poco importa.

La vida de Matías tuvo un comenzó muy trágico, rápidamente perdió a sus padres. Fue en la playa. Mientras los padres se debatían en un lenguaje cada vez mas vulgar, él decidió tomar un paseo por las cálidas arenas. Encontró allí un enorme castillo, estaba abandonado, era tan grande que podía perderse allí. Tenía túneles, puertas por todos lados, ventanas, era un paraíso.

Matías quedo incrédulo ante esa obra y sin pensar se introdujo en aquel castillo. El tiempo se detuvo para él, y permaneció allí todo el tiempo que pudo, que a decir verdad no podría traducirlo en tiempos reales, pero cuando salió, ya era todo un hombre y lo hizo porque, un fuerte viento sureño, arrasó con todo esa obra arquitectónica.

Esto fue un golpe muy duro para él, había pasado años allí. Busco a sus padres que nunca pudo encontrar. Entre tantas pérdidas también se extravió su sonrisa. Su alma se disfrazó de penas y la sonrisa y su gracias fueron desterradas, cómo Adán y cómo Eva. No había lugar para ella.
Tan fuerte fue que ni siquiera podía estirar los labios para simular una gracia, sus músculos habían cedido. Su semblante era un vacío.
Así comenzó la historia, así dicen que comenzó, y con esto una nueva identidad, Matías dejo de ser Matías para ser el coleccionista de sonrisas.

Al principio las pintaba, pasaba sus días retratando muecas alegres de la gente.
Siempre se lo veía en las comedías teatrales, siempre mirando al publico, pintando. Luego se las llevaba a su casa y las colgaba de las paredes, y las disfrutaba en su soledad.

Alguna tarde primaveral de antaño, ese muchachito que supo llamarse Matías se encontró con una sonrisa más linda que la luna, más dulce que un beso con miel.
Fue de casualidad. El sol ya se iba alejando lento, y él ya había guardado los colores. Salía de un viejo bar con lagunas copas de más, cunado se la encontró de frente. Esplendida. Brillante. Era de esas sonrisas que verlas estremece. Sintió corriente en la espalda. De esos gestos que te pueden hacer enloquecer. Literalmente.
Rápidamente la boceteó. Ella lo miró desconfiada. A él no le importó. Cuando había terminado se acercó y le dijo; alguna vez viste algo así. Mientras le mostraba su propia sonrisa. Ella quedó como sacudida y dejo caer una nueva sonrisa, esas que desvisten hasta las muelas. Salvaje. Por qué me dibujaste, dijo ella. Para volverte a ver, respondió él. Ella lo amo, en el acto, con locura y miedo.
Quedó enloquecida cuando el le mostró sus pinturas. Se alcanzaron a ver a los ojos entre los rayos de luz que aun sobrevivían a la oscuridad. Ella sonrió, él lo intentó.
Ella se fue de madrugada cuando él simulaba dormir. La dejo ir, no podía estar con ella sin poder reír. Cómo hacer para amar sin saber reír.
No se volvieron a ver, el dejó las pinturas por las fotos y siguió coleccionando sonrisas de las más varadas y divertidas.
Disfrutaba en las plazas de las expresiones de los niños. risas inocentes, inmaculadas, sin ese hilo de contaminación que la vida les convidaría años después. También disfrutaba de las sonrisas de los viejos, esos que sabían que el fin del camino no estaba tan lejos y sin embargo sabían reír desencajadamente. Saber que la muerte estaba cerca y reír jubilosamente era algo que le fascinaba.

Algunos dicen que aquella mujer le devolvió al sonrisa y vivieron en un amor feroz , que tuvieron algunos hijos y que sólo la muerte los pudo separar, yo nunca pude aseverar esa historia, pero tampoco la puedo refutar.

jueves, 1 de abril de 2010

Teorías sobre San Valentín

Las historias sobre San Valentín son tantas como disímiles entre si. Los historiados especializados sospechan que, de no haber varios San Valentines, éste habría vivido alrededor de 300 años.
Los más mitológicos sostienen que aún sigue vivo en algún lugar del planeta tierra, más precisamente en la tierra. Los realistas lo imaginan bajo tierra.

Los que fomentan la idea de la inmortalidad de san Valentín, reparan sus especulaciones en la premisa de que: es el responsable de la vida y de la muerte, es un guerrero para soportar la vida y a través del amor esperar a la muerte.
Todos sabemos que esto es casi imposible.

Otros sostienen que se lo ha visto en diferentes lugares al mismo tiempo, consumiendo el amor de la manera más genuina posible, fuerte contra la pared.

Facundo Ramell, uno de los buscadores de anécdotas de San Valentín, alega fehacientemente que dicho sujeto no se llamaba tal y que su varadero nombre, es Santiago Val. En su biografía no autorizada, asevera que Santiago Val o San Valentín, era un mujeriego intrépido y se lo veía paseando durante todas las noches conquistando las más plebeyas, hermosas y vírgenes de las mujeres. Incluso dice que fue él, quien inventó la famosa pastilla azul, cuando ya entrado en edad no podía consumar prácticamente el amor.
Esta teoría comenzó a perder credibilidad cuando se supo que Ramell nunca fue un historiador y que tampoco sabia escribir, era un analfabeto, los más puntillosos dicen que Facundo Ramell nunca existió y no es más que un invento de quien escribe. Yo no podría afirmar semejante proposición, al menos, no si no delante de mi abogado.

Saúl Bennet, otro inspector de la vida y obra del famoso San Valentín, consta que era un pésimo amante y a la edad de 25 años, aún no conocía el amor, después de haberlo buscado en cada cajón de su cómoda durante varios años.
Saúl atestigua que, Valentín conoció a Cupido en una fiesta secreta en el “bar de la desilusión” y con algunas copas de más ambos hicieron un pacto, el cual contaba con un permiso de Cupido para con Valentín, para poder conquistar todas las mueres que quisiera, él las fecharía y el consumaría de una vez por todas el amor tan deseado y que durante toda su vida había sido fruto de crueles encuentros.
Sin embargo luego de varios intento Valentín y Cupido tuvieron una rígida discusión que terminó con su pacto.
A continuación un fragmento de poca validez histórica sobre dicho acontecimiento.

- Che cupido. Dijo Valentín.
- Sí querido qué pasa.
- Es necesario la flecha. El flechazo digo… es necesario?
- Por qué lo decís.
- Porque las últimas cuatro que flechaste, murieron, y las que quedan vivas me culpan a mi de atacarlas. Tengo seis causas abiertas: cuatro por homicidio y dos por intento de homicidio. Y de amor ni hablemos. No me quieren ver. Ahora los que me quieren ver son sus maridos y precisamente no vivo.
- Mirá Valentín, yo no puedo a esta altura de mi vida cambiar la historia, soy cupido el del arco y la flecha.
- Bueno entonces que el flechazo no sea en el corazón. Es obvio que van a morir.
- De amor mi querido, si mueren lo hacen de amor.
- Yo no quiero que mueran de amor, yo quiero hacerles el amor.
- Bueno querido, entonces estás hablando con la persona equivocada. Sentenció cupido mientras sus alas comenzaban a llevarlo lejos del suelo.


Otros más cerca de la religión y la teología más ortodoxa, afirman que San Valentín no era santo. Éstos aseguran que lo vieron en reiteradas oportunidades en la tribuna de Huracán, gritando salvajemente goles contra el club “santo” (San Lorenzo”) y así echaron por tierra la teoría de la santidad.
Incluso aseveraron que, no sólo no era un santo, sino un mal tipo, cuando las mujeres los dejaban, que era casi todas las veces, éste las arremetía a balazos o les daba con las boleadoras del abuelo Ricardo.
Los más estudiosos de la literatura oficial sostienen que San Valentín era un plagiador, y para conquistar a sus mujeres acudía a imposibles prosas poco conocidas, pero brillantes. Otorgándose la autoría.

No faltan en éstas teoría, la de los científicos más melancólicos que sostienen a rajatabla que nuestro Valentín, vivió un amor eterno. Esos que nunca se consumen y pasó sus días entre en la más dulce de las penas de amor, sufriendo y gozando por una pasión que nunca fue y que a la vez fue eterno.
Los estudiosos de las estructuras psíquicas que se acoplan a ésta teoría lo sentenciaron sin demasiados rodeos: La histeria masculina nació con san Valentín. Estos melancólicos comenzaron a pintar las paredes con san Valentín como el símbolo del amor. Aseguran que el amor es un quimera.

Los mas románticos sostienen que san Valentín nace de la mitología escandinava, y postulan que nuestro héroe del amor, cansado de las relaciones terrenales y escapando de la urbe, se fue al mar, decidido a conquistar una hermosa sirena de piel morena y ojos de Dios. Algunos dicen que la conquistó y que vivieron felices, otros sostienen que se ahogó cuando ella los invitó a conocer a sus padres en las profundidades del mar.